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EL VIDRIO: UN LENGUAJE DE LUZ

La avanzada tecnológica ha permitido el desarrollo de un nuevo paradigma técnico-constructivo de la arquitectura de vidrio, cuya estética define la imagen de un sinnúmero de los edificios actuales.

La presencia del vidrio en la arquitectura es, a todas luces, atrayente y sugestiva: el hecho de que sea un material no-material, que define y modela el espacio, le concede un halo de misterio. Más aún, la conjunción entre transparencia y ligereza, característica de la arquitectura de vidrio, es una metáfora de la dualidad entre lo visible y lo invisible, lo real y lo virtual, el afuera y el adentro.  Con la introducción del vidrio en la arquitectura se produjo un cambio cultural sin precedentes, se transformó la manera de concebir el espacio, despertó la consciencia acerca de las diferentes propiedades que cualifican un lugar, como los factores de luminosidad y traslucidez, y la función del vacío. En otras palabras, permitió que la luz penetrara al interior de los edificios, y con ello que los sentidos se alteraran: aparecieron luces, sombras, profundidades y reflejos.

Los sirios fabricaron las primeras ventanas, pero fueron los romanos quienes las introdujeron como un componente arquitectónico básico: un elemento funcional y estético, que filtra la luz y el aire, permitiendo una conexión visual con el exterior. Desde un comienzo se intentó alcanzar el mayor grado de transparencia, sin embargo, esto no fue posible sino hasta la llegada del siglo XX.

A partir de la década de 1990 la aplicación de procesos tecnológicos avanzados permitió la construcción de fachadas multicapas en vidrio, las cuales generaron otras alternativas funcionales y estéticas. En este punto sobresalen obras como el edificio Kunsthaus (1997), en Bregenz (Austria), de Peter Zumthor; la Colección Goetz (1989 – 1992), en Múnich, de Herzog & de Meuron, y el Instituto del Mundo Árabe (1987), en París, de Jean Nouvel. Dichos edificios convergen en un aspecto principal: el vidrio aparece como el elemento luz por antonomasia.

En la actualidad, la arquitectura de vidrio está ampliando sus posibilidades debido a la enorme variedad de tratamientos a los cuales puede ser sometido. El progreso tecnológico, sin duda, ha permitido que su potencial se aproveche impulsando tanto una nueva estética de la arquitectura como un nuevo paradigma técnico-constructivo. En suma, su presencia en los edificios permite alcanzar los ideales de ligereza y transparencia –ampliamente difundidos hoy en día–, además de facilitar soluciones constructivas livianas y sobrias.

Al margen de los edificios con fachadas de vidrio que son tendencia en la actualidad, es importante señalar que el concepto de sostenibilidad desempeña un papel fundamental, pues su producción está evolucionando de manera formidable. Hoy, el 30 % de la materia prima proviene del vidrio derretido. Además, los índices de aislamiento térmico de este material de construcción han aumentado considerablemente gracias a los procesos de alta tecnología.

Uno de esos procesos corresponde al vidrio laminado, el cual forma parte de prácticamente todas las construcciones actuales. Este resulta de una técnica de transformación del vidrio recocido o templado; consiste en la unión de dos o más vidrios mediante películas de butiral de polivinilo (material plástico) de óptima elasticidad, transparencia y resistencia. Las ventajas que aporta este tipo de vidrio se ven reflejadas en el componente de seguridad, ya que disminuye el riesgo de accidentes, reduce el 99 % de los rayos UV y restringe el paso del ruido.

El vidrio laminado es uno de los materiales más versátiles que existen en la actualidad –tanto como el concreto–. Se clasifica según las ventajas que proporciona y los usos para los cuales se fabrica. Así, por ejemplo, en el mercado se comercializan vidrios laminados de numerosos tipos: estructural, multilaminado, decorativo, acústico, insulado (aislante térmico y acústico), de control solar y de seguridad (templado o laminado). Con relación a los usos, los vidrios para fachadas de proyectos institucionales (hospitales, universidades, oficinas y centros comerciales) difieren de los vidrios para ventanería y para espacios interiores.

Con todo y lo anterior, salta a la vista que, hoy en día, el uso del vidrio no se limita a fachadas arquitectónicas, sino que está presente en todos los espacios (interiores y exteriores). Actualmente, este material se maneja en el diseño de mobiliario, baños, cenefas, revestimiento de muros, entrepaños, puertas interiores, barandas, paneles de información publicitaria, etc. En pocas palabras, ofrece un sinfín de posibilidades a los arquitectos e interioristas.  

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