EN BUENA HORA, EL CONTROL AL SECTOR DE LA CONSTRUCCIÓN

La nueva superintendencia delegada para la construcción, que será creada próximamente, debe ser dotada de profesionales altamente idóneos y probos, con capacidad suficiente y autonomía para meter en cintura a todos aquellos que busquen violar las normas de la actividad edificadora.

Ante un auge de la actividad constructora es necesario que la calidad prime en las mismas, para que ellas sean sostenibles en el tiempo y aseguren que los esfuerzos de ahorro e inversión de las familias colombianas no se vean menoscabadas por quienes pretenden generar riqueza a base de incumplimiento en lo ofrecido comercialmente. Y más grave aún, en la utilización de materiales de mala calidad y de procesos de diseño y de ingeniería que reducen costos pero que acaban con el patrimonio de familias enteras que se sacrificaron para invertir en vivienda. La competitividad se logra con calidad en todos los frentes.

La nueva reglamentación anunciada debe asegurar indicadores de control y seguimiento para evitar que se enquiste una cadena de avivatos y de profesionales faltos de ética que con artimañas logren violar las normas de construcción que se adopten.

Lo anterior, también incluye que se prevean normas estrictas para las oficinas de planeación municipal y las curadurías urbanas en el momento de otorgar una licencia de construcción, las cuales, en muchos casos, están rodeadas de gran dosis de politiquería y baja capacidad técnica, que las hace presa fácil de la corrupción. Sería saludable realizar una auditoría a lo ocurrido en los últimos diez años a nivel local y estoy seguro de que se encontrarán muchas sorpresas en todo el país.

La verdad, han empezado a aparecer muchos casos en este sentido, que los medios de comunicación comienza a divulgar y no se conocían antes.

Así mismo, la nueva superintendencia delegada para la construcción que se creará próximamente, debe ser dotada de profesionales altamente idóneos y probos, con capacidad suficiente y autonomía para meter en cintura a todos aquellos que busquen violar las normas de construcción. Igualmente, es necesario que este nuevo ente sea capaz de diseñar y aplicar una metodología exigente para la selección de los auditores externos que se van a implementar. De esta forma, se garantiza que sean profesionales de las más altas calidades técnicas y éticas que se conviertan en el sello de calidad de las obras que se ejecuten bajo su supervisión. En este sentido, debe controlarse también que los seleccionados para auditar un proyecto no pertenezcan a un mismo grupo con intereses creados directa o indirectamente para evitar la puerta giratoria.

A las curadurías urbanas también es urgente realizarles una reingeniería para que cumplan su verdadera función. Lo ocurrido en Medellín es un campanazo de alerta. Los curadores urbanos requieren un seguimiento como el anunciado por el Gobierno Nacional para que agreguen valor a la calidad de las obras, para que las obras aprobadas sean desarrolladas en lugares que no pongan en riesgo la vida y el patrimonio de las familias y para sean obras amigables con el medioambiente.

Este mismo modelo de seguimiento a las edificaciones debería replicarse a las grandes obras de infraestructura vial que está emprendiendo el país para que las concesiones de cuarta generación, como se han llamado, se desarrollen dentro de los plazos y la calidad definida que permitan contribuir efectivamente a la competitividad del país. Es una gran oportunidad que no podemos perder.

Para mencionar un solo caso. La llamada doble calzada Bogotá – Girardot lleva más de cuatro años de atraso, y requiere una alta dosis de revisión de la calidad de las obras, principalmente en el tramo de Bogotá a Fusagasugá. Incluso, tienen el compromiso de entregarla en diciembre, pero una somera revisión de lo que falta por construir llevará más de seis meses.

Preocupa de esa doble calzada a Girardot que tramos que han puesto al servicio dejaron el pavimento anterior, que muestra significativo deterioro: mantienen la señalización vieja que afectan la movilidad por no coincidir con los carriles, al igual que los separadores construidos con pinos pareciera que no fuera lo técnicamente recomendado.

De otra parte, desde la etapa de construcción inicial de la vía se sugirió que por costo/beneficio para el país era conveniente que se construyera de una vez con tres carriles a cada lado por el alto flujo vehicular, por lo menos de Bogotá a Fusagasugá. Hoy se comprueba que los dos carriles son insuficientes para atender el alto volumen de tráfico en este trayecto, más aún en los puentes festivos.

Lo anterior deja un mensaje claro que debemos aprovechar en este momento para introducir una normatividad exigente para todo el sector de la construcción, que permita asegurar que el país va a contar con obras públicas y con edificaciones soportadas en la idoneidad profesional y en la calidad de los materiales, que aseguren su sostenibilidad y sean claves para el mejoramiento de la competitividad.

Finalmente, es bienvenida la iniciativa del Gobierno Nacional de dotar de un entorno favorable a la construcción, buscando que dicho sector se desarrolle con procesos y materiales de alta calidad que lo hagan más competitivo en el país y se convierta en un jugador de talla mundial, máxime cuando se trata de uno de los sectores estratégicos de la economía en la generación de valor agregado y empleo, dados sus encadenamientos con la industria y la economía en general. Así, la locomotora de la construcción será de gran velocidad y no se saldrá de su cauce.

Fuente: Portafolio

               Jesús Antonio Vargas – Consultor – Economista