La flexibilidad en la arquitectura

Cuando nos hablan de un
espacio flexible, fácilmente imaginaremos paneles que se mueven, muebles que se
pliegan o cortinas que se corren. Y sí, en su definición más espontánea, estos
espacios permiten una mayor diversidad en las funciones que pueden albergar que
otros espacios con elementos inmóviles. Pensemos, por ejemplo, en un gran salón
de actos que en un momento determinado acoge un evento de mayor concurrencia y,
por tanto, se requiere todo el área de éste. Este mismo salón, en otro momento,
podrá también acoger varios eventos más pequeños a la vez si se subdivide con
paredes móviles.

No obstante, la
flexibilidad y multifuncionalidad de la arquitectura y los espacios
arquitectónicos es mucho más compleja que esta idea inicial. Así pues, un
edificio es flexible por poder adaptarse a distintas necesidades a lo largo de
su vida útil. Esto se puede entender como una modificación continua del
espacio, realizada por los usuarios, o por una reutilización de una estructura
para convertirla a otro uso completamente distinto.

Es por esta razón que la
flexibilidad en la arquitectura es muchas veces sinónimo de una buena práctica.
Por un lado, es sostenible con el medio ambiente, pues evita el tener que
emplear recursos para derribar y reconstruir una construcción, al mismo tiempo
que plantea la reutilización del propio edificio. Y por otro lado, al hacer un
menor uso de esos recursos y energía, también presenta una alternativa más
económica ante la materialización de un proyecto de nueva planta.

La flexibilidad entendida
como este concepto más amplio ha sido muy recurrente a lo largo de la historia.
Existen muchos y diversos ejemplos de reutilización de edificios o partes de
éstos para diferentes usos, ya fuese por cuestiones estéticas, económicas,
políticas o religiosas. Un ejemplo cercano de esto es la presencia de columnas
visigodas y romanas en la mezquita de Córdoba, que fueron reaprovechadas de
otros templos.

Del mismo modo, en la
época medieval, tras la decadencia del imperio romano y los oscuros tiempos en
los que Roma se vio envuelta, los habitantes de la ciudad empezaron a reciclar
los materiales usados en los grandes monumentos que una vez representaron la
grandeza de la ciudad, pero que en ese momento estaban abandonados. En lugar de
ir a una cantera a cortar las piedras para construirse sus hogares, muchos
optaron por entrar en el Coliseo y llevarse las losas ya cortadas que revestían
las gradas y paredes. Aprovecharon los recursos que tenían al alcance. Llevando
esto al extremo, tenemos el ejemplo de la ciudad de Arlés, en donde durante el
Medievo toda la ciudad se concentró en el interior del perímetro del
anfiteatro, utilizando las paredes ya construidas de éste como muralla de la
ciudad. Aquí observamos un cambio de uso de la estructura original, que se
adapta a las nuevas necesidades de otro momento histórico.

Sobre estructuras un poco
más recientes en la historia tenemos el caso del Puente de Londres, de una
estructura anterior a la existente ahora que se empezó a construir en 1176 y se
inauguraría en 1209. Ante ese largo periodo de construcción y un presupuesto
desorbitado, se permitió construir casas sobre el mismo puente para pagar parte
del proyecto. De este modo, una estructura que en un principio iba a servir
para salvar la distancia entre ambas orillas del río Támesis se convirtió en
una calle más de la ciudad, rodeada de casas que colgaban a ambos lados del
puente. Este puente sería sustituido 600 años después de su construcción y es
por eso que no queda rastro de este suceso. Sin embargo, el paisaje resultaría
similar al que se puede observar hoy en día en el puente Vecchio, en Florencia.

Este concepto de habitar estructuras sería reinterpretado, ya en el siglo XX, por Le Corbusier, Yona Friedman, los metabolistas japoneses o el grupo Archigram de arquitectos ingleses, desde mediados de siglo y hasta los años setenta. Todos ellos, en sus diferentes teorías, contextos y estilos, proponían ciudades utópicas en las que existía una estructura básica construida que se consideraba inamovible y en la que se concentraban los servicios elementales de la ciudad como puedan ser carreteras, tuberías, red eléctrica, etc. En esta estructura fundamental se insertaban, a modo de libros en una estantería o de máquina que se enchufa a la red general, las distintas partes de la ciudad que se consideraban temporales. Principalmente, se referían a unidades habitacionales, pero también a equipamientos de la ciudad. De este modo, se asociaban los huesos de la ciudad a una estructura longeva y permanente en el tiempo, mientras que la construcción de hogares y demás se planteaba como la parte dinámica de la ciudad, que podía adaptarse fácilmente a las necesidades cambiantes del ser humano a lo largo de la vida de éste. Así, estas unidades se concebían como prefabricadas y efímeras, de quita y pon, que tras convertirse en obsoletas para un uso particular, podían reformularse y remplazarse por otras que cumplieran una nueva función. En todos estos casos, se planteaba la dualidad entre la estructura fija de la ciudad y las partes móviles y volátiles.

Ejemplos construidos que
ejemplifiquen estas teorías podrían ser la Unité d’Habitation de Marsella, de
Le Corbusier, o la Torre Nakagin, en Tokio, de Kisho Kurokawa. La Unité se
planteaba como una estantería que albergaba la estructura portante del edificio
y en la que las casas se insertaban prefabricadas, de modo que podían ser
remplazadas por otras unidades cuando se requiriese. Su construcción, sin
embargo, distó mucho del razonamiento teórico; hay que recordar que se trataba
de viviendas públicas y el presupuesto debía ser ajustado. Así, a pesar de
concentrar muchas de las teorías de Le Corbusier, no se consiguió materializar
la adaptabilidad de los módulos dentro de la estructura fija del edificio, que
se sigue irguiendo tal y como se construyó en 1951, en lugar de haberse
modificado en el tiempo, más allá de las labores de mantenimiento.

La Torre Nakagin corrió una suerte similar. Esta se planteaba como un núcleo que albergaba la estructura portante y la comunicación vertical y en el cual se enchufaban unas cápsulas que constituían las viviendas. El edificio se pensó como residencia para hombres y mujeres de negocios solteros o cuya primera residencia se encontraba a las afueras de la ciudad y no se podían permitir el ir y venir todos los días al trabajo, por lo que alquilaban estudios en el centro para los días de entre semana. Esta torre también se proyectó como una estructura que iba a alterarse en el tiempo y a evolucionar según las necesidades de los usuarios; por ello, las cápsulas prefabricadas, que concentraban todos los requisitos de una vivienda en un espacio muy justo y altamente optimizado, se conectaban al núcleo principal con tan solo cuatro tornillos de alta resistencia, para permitir un fácil montaje y desmontaje de las mismas. Como en la Unité, este dinamismo quedaría en la teoría y, aunque Kurokawa consiguió llegar más lejos en la materialización de este concepto y se hubiese podido ir perfectamente modificando el edificio según lo planeado, la realidad es que nunca se remplazó ninguna cápsula.

Estos ejemplos hablan de edificios que se pueden modificar quitando partes, sustituyéndolas, añadiendo otras. Son construcciones que nos hablan de modificar la propia cáscara y anatomía para adaptarse a los distintos requisitos. Pero existe otro modo de flexibilidad en la arquitectura y es aquella que sucede hacia el interior de la envolvente; es decir, se establece una piel y una estructura portante y, a partir de este punto, los espacios interiores se pueden subdividir a nuestro antojo, según las necesidades funcionales. Esta flexibilidad es la que muchos edificios gozan hoy en día. Nuestras viviendas se subdividen con tabiques, que pueden demolerse y volverse a construir en otro lugar sin que esto afecte a la estructura del edificio. Pero esto no siempre fue así, sino que la tecnología y los nuevos materiales tuvieron que hacer posible primero el disociar la función portante de la función envolvente del muro y, una vez conseguido esto, se tuvo que indagar en formas de plantear y materializar esa dualidad.

Fuente: http://revistamito.com/la-flexibilidad-en-la-arquitectura/